martes, 6 de noviembre de 2012
Parar el tiempo
martes, 3 de julio de 2012
En el coche
martes, 10 de abril de 2012
Alienación del sexo II
miércoles, 31 de agosto de 2011
Sorpresa
Estás tirado en el sofá de casa. No es por gusto, ni tampoco por pereza. Es por obligación. Por una vez en todo el verano el motivo de que estés tirado en ese sofá viendo películas compulsivamente no es por aislarte del mundo. Simplemente estás enfermo. A final del verano, con un festival de música en unos días, con tantas cosas que hacer… que si llevar esto del piso para allí, que si preparar las cosas para volver a la universidad, que si despedirse de la gente porque no os volveréis a ver en un tiempo. Justo ahí te pones enfermo. Además estás bastante jodido.
Ahora estás viendo en la tele un especial del FIB Heineken. Pero todavía no se te quita esa mala sensación del cuerpo de hace unos instantes.
Estabas tirado en el sofá, adormilado, y volviendo a ver American Psycho. Justo cuando estás en aquella escena que es todo sexo, y del duro. Un buen trío, además.
Justo en ese momento, entran por la puerta tu abuela, con una flamante bata rosa de corazones (y lo que sea que lleve debajo), y dos hombre que no has visto en tu vida. Ambos llevas ropa usada y vieja, con manchas de pintura. Por el contrario tu llevas unos flamantes pantalones a cuadros con manchas de la escasa comida que te has llevado a la boca, y una camiseta llena de sudor de tus noches febriles y con poco sueño. Estás hecho un pincel, sorprendido y extrañado… además, por qué hay en tu salón esas personas? Y justo en ese momento? Joder, menos mal que en casa siempre se te avisa de todo.
Terminas a los grande escuchando los martillazos continuos y las charla imparable de esa mujer con bata rosa que es tu abuela. Otro maravilloso días en casa…
sábado, 27 de agosto de 2011
Despertando en el aeropuerto
A pesar de que son las 5 de la mañana la terminal bulle de actividad. Los primeros vuelos despegarán en una hora, y la gente va de un lado a otro con la cabeza más pendiente de su hotel en el Caribe, de su habitación en Roma o de la excursión por los castillos del Loira. El ruido de las ruedas de las maletas se confunde entre voces de varios idiomas y una megafonía que no para de sonar.
El continuo trajín de la terminal no es suficiente para despertarle. Allí tirado en el suelo y con una sudadera improvisada como almohada duerme con un sueño profundo y por primera vez en mucho tiempo, sin pesadillas.
A su lado, observando las idas y venidas de los pasajeros, mientras vigila con atención las maletas está Carla. Sentada como siempre. Cabeza algo inclinada hacia atrás, rodilla flexionada, brazo apoyado y una pierna estirada que no deja de mover el pie al ritmo de la Velvet.
Ella se le acerca al oído, con delicadeza, mientras observa sus párpados cerrados con fuerza y una leve mueca junto a la comisura de sus labios que denota un sueño más turbio que antes.
-Abre los ojos…
Unas palabras sibilantes que se cuelan en su oído y como mágicas levantan unos párpados en los que hace poco había un cerrojo echado. Sus pupilas se contraen y su pecho se dispara en un frenesí tan súbito que necesita de una bocanada de aire para reanimarse. Se incorpora con cuidado mientras Carla lo mira con indiferencia, acostumbrada al mismo numerito.
-Qué, otro mal sueño?
-Sí… bueno, no… La verdad es que no lo sé. No recuerdo qué era. Pero para despertarme así, no sería nada bueno. Pero joder! Valla susto que me diste!
-Oye, tranquilito. Aún encima que te despierto con cariño!? Menos mal que sabes que no te dejaría aquí tirado para que perdieras el avión… Pero, oye; cómo duermes tan mal? Seguro que es porque nos vamos.
-No. No te creas que estoy tan triste, ya volveré. Hoy solo es un domingo cualquiera…
Baja la cabeza con aire pensativo y pierde la mirada en las baldosas.
-Tranquilo Álex; que conmigo no tienes porque ponerte misterioso. No me vas a meter ficha, así que ahórrate el numerito.
-No me pongo misterioso!
Es mentira, sí lo hace. A su alrededor pasan cientos de mujeres y cualquiera podría ser su próxima conquista y coprotagonizar con él la película de su vida. Podría ser esa pelirroja de ojos azules y peca. Lleva el pelo en coleta y anda a saltitos, con energía. Él se queda mirándola y ella a él, pero ella gira la cabeza con una mueca de asco y acelera el paso. Es normal si miras a una persona con cara embelesada mientras te perforas un oído con el meñique.
También puedes ser una chica que está sentada cerca de ti. También es blanca, pero esta vez rubia y de ojos marrones. Más ancha que la anterior, con más curvas y un pantalón ajustado. Una pena que lo mire con cara de pocos amigos por haber estado cantando durante un cuarto de hora la misma canción… una de Siniestro Total, que así no escuchan su mal inglés (pero sí lo mal que canta). No parece que se cumplan sus fantasías…
sábado, 6 de agosto de 2011
Verbena
Las torres de sonido inundan la pista cubierta con la música del escenario, mientras una tenue llovizna cae sobre el tejado de uralita. La pista cubierta reconvertida en una improvisada sala de conciertos está a rebosar con un público entregado a los embriagadores ritmos de la orquesta. Da igual que sean adolescentes pasados de alcohol o parejas de más de 65. Todos están entregados y disfrutan de la calidez del ambiente, sin dejar que la lluvia les estropee su noche de fiesta. Las luces de colores deslumbran a los asistentes creando junto una música atronadora un espectáculo atractivo y entretenido, lleno de colorido, baile y un sonido cautivador.
En primera fila está toda esa gente. Toda esa gente es esa gente que conoces, para bien o para mal. Con la mayoría casi no has hablado. A veces habéis coincido con otros, o simplemente fueron en tu curso en el instituto. En otras solo los viste por algún pasillo… porque realmente allí solo hay los que eran más pequeños que tu o simplemente los que no llegaron a terminar la secundario y no llegaron mucho más lejos. De todas formas para ti no hay muchos motivos para saludarles. Quizá alguno se acuerda de ti, y te saluda de forma animosa (casi como si fueras su colega de cañas del día a día) a la par que esbozas tu sonrisa más artificial y le saludas fingiendo que no lo habías visto. Da igual… seguramente pase un año hasta que os volváis a ver. Porque es cierto: en medio de ese estruendo que es lo más cercano que estará cualquiera de los presentes de ver una performance de Lady Gaga, mientras babean con la ropa ajustada y los sensuales movimientos de las cantantes; no sientes la obligación de tener que saludar a nadie. Qué más te da que quedes mal, como un borde o un desagradable? Ya te sientes suficientemente solo, en medio de esa barahúnda adolescente y con el alcohol corriendo por sus venas que salta, grita y baila. Porque da igual que estés rodeados de tus amigos, o de toda esa gente. Ya que estás solo. Sabes que no encajas allí. Ese no es tu sitio. No porque seas demasiado bueno para ello, sino porque no perteneces. No te encuentras cómodo. Los que te rodean no son de tu gente, y tus amigos están demasiado entregados como para percatarse de lo que ronda tu mente. En definitiva, que no estás en tu ambiente. No le tienes que dar explicaciones a nadie, porque solo piensas en marcharte y dormir acurrucado en tu cama.
miércoles, 6 de julio de 2011
Pesadillas
Se revuelve entre las sábanas en busca de alguna parte que todavía conserve algo de frescor al tanto que ellas se le pegan al cuerpo por el sudor que no cesa. Éstas le agarran queriendo hacerle suyas y asfixiándolo en un baño de sudor mientras cumplen su macabra y erótica fantasía. Se enroscan poco a poco a su cuerpo moreno con cada giro. Su piel está atrofiada por una tela cálida y húmeda que lo persigue cada noche mientras su mente despierta es atemorizada por sus pesadillas. Éstas lo drenan por dentro al igual que aquella habitación calurosa con su ambiente opresivo lo hace por fuera. Las pesadillas que de verdad le matan no son las que aparecen cuando duerme sino las que le impiden hacerlo. Las mismas pesadillas que le acosan y ponen sus latidos al borde del paro. Las mismas pesadillas que si no fuera por la costumbre le harían ahogarse en sollozos de culpa mal dirimida. Fragmentos de dentro de su cabeza que como esquirlas de diamante que desgarran su mente por las noches antes de que esta descanse entregándose a un sueño profundo. Es la tempestad que vive antes de la calma que solo llega cuando esos brazos morenos dejan de intentar salir a flote en un caluroso mar de tela para hundirse en lo más profundo. Mientras se hunde ya no hay más dolor, tensión ni pensamientos o recuerdos que lo encuentren. Las pesadillas podrían terminar así para siempre si solo se dejara hundir, si solo dejara de respirar. Por eso la verdadera calma nunca le llegará.