martes, 3 de julio de 2012
En el coche
sábado, 6 de agosto de 2011
Verbena
Las torres de sonido inundan la pista cubierta con la música del escenario, mientras una tenue llovizna cae sobre el tejado de uralita. La pista cubierta reconvertida en una improvisada sala de conciertos está a rebosar con un público entregado a los embriagadores ritmos de la orquesta. Da igual que sean adolescentes pasados de alcohol o parejas de más de 65. Todos están entregados y disfrutan de la calidez del ambiente, sin dejar que la lluvia les estropee su noche de fiesta. Las luces de colores deslumbran a los asistentes creando junto una música atronadora un espectáculo atractivo y entretenido, lleno de colorido, baile y un sonido cautivador.
En primera fila está toda esa gente. Toda esa gente es esa gente que conoces, para bien o para mal. Con la mayoría casi no has hablado. A veces habéis coincido con otros, o simplemente fueron en tu curso en el instituto. En otras solo los viste por algún pasillo… porque realmente allí solo hay los que eran más pequeños que tu o simplemente los que no llegaron a terminar la secundario y no llegaron mucho más lejos. De todas formas para ti no hay muchos motivos para saludarles. Quizá alguno se acuerda de ti, y te saluda de forma animosa (casi como si fueras su colega de cañas del día a día) a la par que esbozas tu sonrisa más artificial y le saludas fingiendo que no lo habías visto. Da igual… seguramente pase un año hasta que os volváis a ver. Porque es cierto: en medio de ese estruendo que es lo más cercano que estará cualquiera de los presentes de ver una performance de Lady Gaga, mientras babean con la ropa ajustada y los sensuales movimientos de las cantantes; no sientes la obligación de tener que saludar a nadie. Qué más te da que quedes mal, como un borde o un desagradable? Ya te sientes suficientemente solo, en medio de esa barahúnda adolescente y con el alcohol corriendo por sus venas que salta, grita y baila. Porque da igual que estés rodeados de tus amigos, o de toda esa gente. Ya que estás solo. Sabes que no encajas allí. Ese no es tu sitio. No porque seas demasiado bueno para ello, sino porque no perteneces. No te encuentras cómodo. Los que te rodean no son de tu gente, y tus amigos están demasiado entregados como para percatarse de lo que ronda tu mente. En definitiva, que no estás en tu ambiente. No le tienes que dar explicaciones a nadie, porque solo piensas en marcharte y dormir acurrucado en tu cama.
domingo, 26 de junio de 2011
San Juan 2011
San Juan es esa noche mágica del año en la que sentado en la playa y sientiendo el calor de una hoguera, hundes tus manos en la arena para notar como se desvanece entre tus dedos cada grano mientras miras como cae ese particular reloj.Esainstantánea se recubre con un cielo lleno de estrellas que gracias a encontrarte fuera de la ciudad te ilumina más fuerte que nunca. De fondo se escucha el gritar del gentío y el sonido del mar, romper contra las rocas cercanas, así como un olor que se mezcla con el humo del ambiente.
Esta es la versión idílica de San Juan. Además mejora si tienes una chica guapa al lado (no os voy a mentir). Sin embargo mi San Juan este año ha sido diferente.
No había “cielo estrellado que iluminara el horizonte nocturno”, sino unas nubes grises que tapaban cualquier atisbo de luz que vieniera desde arriba. Además de que la hoguera casi no prendía y el frío, húmedo como suele ser aquí, calaba bien a medida que nos adentrábamos en la noche. No había un gentío alegre, sino con el paso del tiempo, uno decadente y alcoholizado que te permitía ver a un amigo que llevaba un buen rato desaparecido dormir la mona junto a la orilla y en la manta de otro compañero que creyendo que esta había sido robada (tenía un estampado floral que se podía remontar a la posguerra).
Sin mencionar los robos. Ya sabeis, vivir es compartir. Así que mientras te apteas una playa humeante a las 5 de la mañana y repleta de gente sabes que no encontrarás esa mochila “desaparecida” así como así… pero siempre es mejor que languidecer junto unas brasas mientras dos se da el lote y tu recuerdas que unas hogueras más allá te siguen danda calabazas.
Lo mejor llega cuando al vovler de la búsqueda todas las mochilas del campamento base han desaparecido. “Somos gilipollas” eso es lo único que se te ocurre. Por suerte eres un chico listo, a qué sí? Menos mal que lo único que te han podido robar dos toallas viejas de papi y mami, que aparecerán tiradar por la orilla al amanecer y que algún alma caritativa recogió y llevó a la hoguera improvisada como “objetos perdidos” donde estás colaborando… qué cosas más extrañas puedes ver! Compresas de un “extraviado” neceser de Tous, facturas del Makro, DNIs, billetes de tren, entradas de cine…
Aunque hay otras anécdotas, como por ejemplo cuando el dueño de la manta de posguerra cree desaparecida “su más valiosa pertenecia” así como su cartera, claro, y se venga recogiendo todas las toallas que se encuentra tiradas en la arena (qué malo!!) y que son unas 7…
O cuando otro amigo enfadado por la desaparición de su mochila lanza un playero contra el suelo con tanta fuerza que termina saltando del paseo marítimo a una casa y tiene que colarse, escalando por una verja bien alta, para recuperarlo.
De todas formas no estubo tan mal. Al mal tiempo, buena cara. Nada como buscar mochilas desaparecidas, cantar “El polvorete” (Éxito de Pepe Benavente, “Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo. Echa su polvorete, racatapúm chimpín y se sacuuuuuude…”), “Tengo una vaca lechera” o su adaptación de “El milagro de Petinto”, película de savier Fesser que recomiendo (hoy todavía la comenté con Sabenaranja al salir de ver “Un cuento chino”, qué genial es Ricardo Darín).
PD: He actualizado dos veces seguidas, es cierto xD Hoy tenía el día de teclear y no tenía ganas de estudiar al llegar a casa (quién quiere?) pero julio está ahí… omnipresente, amenzador y confiado… como un Jesucristo colega!