Mostrando entradas con la etiqueta sorpresa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sorpresa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de agosto de 2011

Sorpresa

Estás tirado en el sofá de casa. No es por gusto, ni tampoco por pereza. Es por obligación. Por una vez en todo el verano el motivo de que estés tirado en ese sofá viendo películas compulsivamente no es por aislarte del mundo. Simplemente estás enfermo. A final del verano, con un festival de música en unos días, con tantas cosas que hacer… que si llevar esto del piso para allí, que si preparar las cosas para volver a la universidad, que si despedirse de la gente porque no os volveréis a ver en un tiempo. Justo ahí te pones enfermo. Además estás bastante jodido.

Ahora estás viendo en la tele un especial del FIB Heineken. Pero todavía no se te quita esa mala sensación del cuerpo de hace unos instantes.

Estabas tirado en el sofá, adormilado, y volviendo a ver American Psycho. Justo cuando estás en aquella escena que es todo sexo, y del duro. Un buen trío, además.

Justo en ese momento, entran por la puerta tu abuela, con una flamante bata rosa de corazones (y lo que sea que lleve debajo), y dos hombre que no has visto en tu vida. Ambos llevas ropa usada y vieja, con manchas de pintura. Por el contrario tu llevas unos flamantes pantalones a cuadros con manchas de la escasa comida que te has llevado a la boca, y una camiseta llena de sudor de tus noches febriles y con poco sueño. Estás hecho un pincel, sorprendido y extrañado… además, por qué hay en tu salón esas personas? Y justo en ese momento? Joder, menos mal que en casa siempre se te avisa de todo.

Terminas a los grande escuchando los martillazos continuos y las charla imparable de esa mujer con bata rosa que es tu abuela. Otro maravilloso días en casa…

viernes, 8 de enero de 2010

Cajas de cereales


Las cajas de cereales. Toda una ciencia. Años de mi infancia conviviendo con cereales diferentes. Diferentes tipos de maíz azucarado. Diferentes tipos de sabores, texturas, colores… Diferentes tazones repletos a reventar de leche y glucosa en cantidades industriales, suficiente para tirar abajo con nuestra blanca dentadura. Pero si había algo mejor que lo cereales, era la sorpresa que llevaban dentro. Esa sorpresa que aunque nunca llegáramos a usar nos entraba por los ojos. Que nos impresionaba en los dibujos de la caja con vivos colores, y caras de felicidad totalmente sintéticas de aquellos que las usaban. Una pena que siempre tenía que haber una decepción: cuando la caja estaba vacía. No había sorpresa. Nos quedábamos anonadados rebuscando el pequeño divertimento de plástico y metiendo la mano una y otra vez entre los copos de maíz. Pero al final siempre nos tocaba alguna caja que no tenía sorpresa.

¿Acaso puede haber algo más triste que ser como una caja de cereales sin juguete? ¿Más decepcionante? Imagino que sí, pero de todas formas es algo que me entristece.

Hace poco sería muy despreciativo, demasiado con gente así. La miraría con desprecio y una superioridad más que reafirmada por mi ego. Pero si lo comparo con una caja de cereales, por muy estúpido que resulte, más que desprecio me produce pena. Pena porque por fuera, ese sujeto, está edulcorado y empalaga como un chocolate demasiado dulce. Pero cuando nos fijamos un poco, o simplemente nos sentamos a pensar, nos percatamos de que todo es pura fachada. No hay interior. Y si lo hay, agoniza. Todo resulta ser un artificio de vivos colores que cuando se difumina, nos permite ver que realmente él no es así. Carece de personalidad. Carece de sinceridad. Y para mí, hasta carece de madurez. Siempre con un mensaje cargado y “pseudo-versado” pero que vacío. En otras palabras, que es una decepción. Te llevas un chasco, al igual que con la caja de cereales, y haces lo mismo que con la caja cuando se terminan tus dosis de azúcar, las tiras. Tiras a las dos, a la persona y a la caja. A la persona siempre en sentido metafórico, en otras palabras: si te he visto, no me acuerdo.