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martes, 6 de noviembre de 2012

Parar el tiempo


Por fin había conseguido parar el tiempo. Allí tumbado sobre la cama, miraba un techo blanco y lleno de humedad. En esos momentos el mundo estaba parado a su alrededor. No necesitaba un reloj para saberlo, solo esa sensación de calma y plenitud que le llenaba envuelto sobre unas sábanas que desprenden un leve olor a sexo. Una suave esencia que respira mientras palpa la calidez que emana aquella cama. Sus ojos siguen centrados en un techo inmutable, mientras que el silencio que rodea a sus oídos es absoluto. Son las 4 de la mañana, ese punto de inflexión entre el sueño y el cansancio acumulado junto a un punto de lucidez. Un momento extraño en el que todos sus problemas y preocupaciones parecen distintos. La perspectiva de su vida es distinta entre aquellas sábanas sudadas y llenas de humanidad, mezcladas con todas las experiencias de un día. Ahí es donde ha parado el tiempo. Todo su mundo se para en ese instante en el que no pasa nada. Puede pensar la respuesta a todos sus problemas en aquel momento, donde atesora toda la experiencias de las últimas horas. Es posible que cada día sea como una pequeña vida que termina al dormir, donde los instantes anteriores a conciliar el sueño pueden ser los momentos de mayor experiencia y su senectud del día a día. Es la pequeña antesala a la muerte, para volver a nacer a la mañana siguiente, nuevo y un poco más mayor. Pero siempre con el recuerdo de su vida anterior… en este caso unas sábanas que siempre estarán igual, con ese aroma a sexo y esa calidez.

domingo, 31 de octubre de 2010

Alienación del sexo

Es alentador ver pasar el tiempo a través de un cristal. Fuera la lluvia inunda las calles, a veces más fuerte, otras menos; e incluso llega a parar. Pero siempre llueve. Desde el dormitorio la cosa es distinta. Se palpa la calidez del ambiente, se siente sobre el bello de la piel, como una carga electrizante. En la cama, semidesnudo y sonrosado, está el cuerpo de una chica. Su torso está medio tapado por una manta gris. La sonrisa aparece de entre los pelos enmarañados, y sus mejillas están coloradas; fruto de la sensualidad del momento. No hay que pensar demasiado para saber lo que pasó allí. Un reguero de ropa va desde la cama hasta el pasillo del piso. Lo último que se ve a junto al colchón son unas braguitas sedosas de la “Guerra de las Galaxias” y unos calzoncillos de “Félix el gato”. Jóvenes… Él la mira de pie junto a la cama, con deseo e indiferencia. Es orgulloso, y creído. Su mente está emponzoñada de testosterona y sexo. Drogas: testosterona, sexo y el rock’n roll sonó hace un rato a modo de gritos. Para ella, una chica, sin nombre ni rostro en algún tiempo; ha sido un buen momento. Para Él otra inherente prueba de masculinidad… Otra inútil prueba. Solo sexo, puro y duro. Algo maravilloso y por fuera pasional, pero para Él solo es otra “cosa” más. Por dentro está totalmente deshumanizado, mecánico, alienado.