martes, 6 de noviembre de 2012

Parar el tiempo


Por fin había conseguido parar el tiempo. Allí tumbado sobre la cama, miraba un techo blanco y lleno de humedad. En esos momentos el mundo estaba parado a su alrededor. No necesitaba un reloj para saberlo, solo esa sensación de calma y plenitud que le llenaba envuelto sobre unas sábanas que desprenden un leve olor a sexo. Una suave esencia que respira mientras palpa la calidez que emana aquella cama. Sus ojos siguen centrados en un techo inmutable, mientras que el silencio que rodea a sus oídos es absoluto. Son las 4 de la mañana, ese punto de inflexión entre el sueño y el cansancio acumulado junto a un punto de lucidez. Un momento extraño en el que todos sus problemas y preocupaciones parecen distintos. La perspectiva de su vida es distinta entre aquellas sábanas sudadas y llenas de humanidad, mezcladas con todas las experiencias de un día. Ahí es donde ha parado el tiempo. Todo su mundo se para en ese instante en el que no pasa nada. Puede pensar la respuesta a todos sus problemas en aquel momento, donde atesora toda la experiencias de las últimas horas. Es posible que cada día sea como una pequeña vida que termina al dormir, donde los instantes anteriores a conciliar el sueño pueden ser los momentos de mayor experiencia y su senectud del día a día. Es la pequeña antesala a la muerte, para volver a nacer a la mañana siguiente, nuevo y un poco más mayor. Pero siempre con el recuerdo de su vida anterior… en este caso unas sábanas que siempre estarán igual, con ese aroma a sexo y esa calidez.

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