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domingo, 24 de octubre de 2010

Roto

El lavabo está alumbrado por una tenue bombilla de 45 luminosos watios. Mientras una mosca gira alrededor de l luz, chocando contra la bombilla. Los azulejos del baño distan mucho de ser los de una casa lustrosa, más bien los de una pocilga ponzoñosa en basura. Las paredes estuvieron limpias hace ya tiempo, y la cal se amontona en el grifo y la pileta, junto a unas manchas marrones; de tierra. El suelo está lleno de pisadas de botas, húmedo de una actividad reciente, que provenía del exterior del edificio, donde el viento y la lluvia castigan a los que se asoman. Abrió la puerta, y se miró al espejo. El cristal estaba roto por alguna clase de impacto, y su reflejo se distorsionó y multiplico. Fraccionado como su personalidad lo estaba. Algunas imágenes eran amables, otras asustaban, y otras deprimían.Sus ojos se distorsionaban entre las hendiduras del cristal, y mientras se observaba; su mente se hundía en el abismo de la imagen fraccionada. No sabía si aquel reflejo, roto, distorsionado; era el suyo. Era posible que fuera la mejor descripción que habían hecho de él. Los trazos más definidos, y al a par más toscos que lo definían como alguien roto.

lunes, 12 de octubre de 2009

Cadáveres en el espejo

En ocasiones veo muertos. Esta famosa frase del cine es un recurso útil en muchas ocasiones y variados contextos, pero… ¿Alguna vez la hemos pensado cuando nos miramos al espejo?

Reconozco que esto último dicho así de esta forma y de primeras resulta extraño: “¿Qué cojones está diciendo el tío este? ¿Ya tiene problemas con la medicación?”. Para vuestra información por ahora no necesito tal medicación, por ahora.

Digo todo esto, por todas esas ocasiones en que nuestra mente, confusa hasta la saciedad, no sabe qué hacer. Cuando estamos deprimidos, sin causa alguna. Por todos esos días grises que, ya al levantarnos, hacen que algo nos reconcoma por dentro. Esos días en que somos desagradables por naturaleza. Pues algo de “nuestro mundo” se ha escapado a nuestro control y eso nos aterra a la vez que nos entristece.

Por lo cual prefiero mirarme a un espejo y decir ésta más que recurrida frase. Al menos no mentiré; y quien sabe: puede que me sienta mejor.