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miércoles, 8 de junio de 2011

Fiesta de despedida

Sin embargo por la cena no aparecen ni la mitad. El grupo está disgregado… y a la hora de la verdad parece que cada uno tiene otra vida que atender. Él se queda solo pensado que todos tenían otro sitio al que volver menos Él. Rodeado por desconocidos se siente en la mesa y mira un plato vacío mientras escucha conversaciones intrascendentes. Esas voces le suenan extrañas, totalmente ajenas… y se suponía que iban en su clase.

La cena termina y después de la clásica indecisión el grupo se marcha a la discoteca más cercana. Ellos quieren quemar calle esa noche, Él solo camina por ella. Apenas habla con nadie por el camino. Es más cómodo andar solo, escuchando sus propios pasos entre los gritos de júbilo de los demás mientras caminan a tu alrededor haciendo eses.

El local al que van está vacío. Solo están los camareros con aspecto somnoliento y caras que parecen más molestas que contentas por tener clientes. Expresiones marcadas que delatan el fastidio de tener que atender a esa jauría de críos. Mientras, Él se queda apollado contra la barra rodeado de “compañeros” que ajitan sus gintonics alardeando de cómo les gusta beberlos. Es la bebida de moda, y como universitarios… ellos son la gente de moda. O eso se piensan.

Se marcha del local astiado de tanta sonrisa y bailoteo. Esa basura que los de dentro llaman música le hace sangrar los oídos. Mientras camina lentamente sintiendo el calor de la noche de junio en el aire. Palpa esa suave brisa nocturna que no llega a despinar su pelo engominado y que le cosquillea los pelos de la barba.

La ciudad está que arde. Todo el mundo salió a quemarla y parece que menos Él todos lo consiguen. El casco antiguo no es escepción y bulle del frenesí y el ajetreo estudiantil. Él camina por callejuelas con ríos de orina, en piedras de más de doscientos años… Como odia volver a casa con ese olor a baño muy usado y esquivando ríos de meada.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Buenos días!

ARriBa!! Son las 9.30h y el despertador comienza abrirte la cabeza con ese pitido incesante que te martillea los sesos. Abres los ojos. Estás desorientado, perdido y a te levantas rodeado de hojas. Apuntes de clase. Todavía no sabes muy bien dónde estás ni recuerdas a qué hora te acostaste ayer, pero fue tarde. Muy tarde (dónde quedaron las 8h de sueño!?). Toca ir a clase, porque crees recordar que tienes un examen, un trabajo o algo para entregar. Ese algo por lo que ayer apenas dormiste. El despertador sigue sonando, y caundo por fin lo apagas lo primero que ves con los ojos bien abiertos no es una chica semidesnuda a tu lado para decirte lo bien que estuviste anoche, sino una mesa desordenada con libros, ropa sucia, bolígrafos y más cosas que deberían de estar por debajo de una montaña de mierda.

Tan pronto como te levantas (Qué frío hace! No hay calefacción!), con cuidado porque todavía resuena ese insoportable pitido del despertador, te das cuenta de que ya llegas tarde a clase. Seguramente apagaste el despertador hace ya horas y volviste a dormir… Llegas tarde, no puedes desayunar, y la ducha debe de ser prescindible. No pasa nada por oler un poco, no?

Vas al armario. Cuidado! Quién dejó ese bajo en medio, casi te matas (puto jack, te enrredas el pie!)… o peor casi se rompe el bajo! Lo sorteas, y después un par de deportivas con las que casi te vuelves a caer. Armario. Necesitas ropa limpia, pero no hay. Solo quedan un par de calzones temáticos… de Bob Esponja. Recoges la ropa que parece menos usada del suelo de la habitación, te vistes, te calzas… No hay tiempo para peinarse, las chicas se tendrán que aguantar. Te despejas la con el agua del baño… está helada. Ya estás despierto. Te miras el careto en el espejo y dejas un minuto de reflexión. Pelo graso, barba de 3 días, ojeras, algo de acné (y ya no vas al instituto). Sino fuera por eso hasta podrías pasar por guapo.

Coges los apuntes de lo que fuera que estudiaras la noche anterior, la mochila y a la calle. Con suerte no tendrás que correr para coger, el bus… (error!) Primera carrera de la mañana y son las 9.45h, la calse empieza a las 9.15h y todavía tienes que atravesar el atasco de toda la ciudad para llegar a la facultad. Te suenan las tripas, te mueres de hambre. El examen es dentro de poco. Además de que no hueles muy bien. Caos. Eso era lo que quedó en tu habitación tras más de 3 semanas con las mismas sábanas y mucho más tiempo con el polvo sobre el escritorio. El corazón está desbocado después de aquella repentina carrera y tratas de recordas lo que fuera que estudiaras mientras te agarras a una barra del bus porque no queda sitio para sentarse. El iPod quedó en “casa” y por el autobús solo se oye la Cope… no reucerdas qué soñaste porque ahce tiempo que no sueñas, solo te duermes y despiertas, como si fuera seguido. No paras, no sabes siquiera si has dormido, porque estás hecho una mierda. Y lo peor es que fue por o salir. De pronto recuerdas, ahora que tienes tiempo en el bus, lo que histe ayer. Te acostaste a las 4h de la mañana, después de ponerte a tocar... la guitarra?? Si a eso se le llamaba tocar... Mejor dicho: aporrear. Había examen, y te pones a tocar?? Joooder....

Gooood morning!!!!

domingo, 3 de octubre de 2010

Tres semanas

Voy a hacerle un guiño a María, porque creo que ella no es la única que por ahora puede decir que está encantada estudiando una carrera. En mi caso es psicología. Y Santiago, una de las ciudades universitarias por excelencia, es donde estoy. Es extraño como me puedo encontrar más a gusto en una ciudad que ni siquiera es la mía y a la cual, en teoría, no pertenezco. Pero parece que esas cosas suceden. Quizá la experiencia sería más “enriquecedora” si estuviera en una ciudad como Madrid o Barcelona, pero creo que eso me supera. Por ahora no se puede decir que trabajara excesivamente… y he de decir en mi defensa que el ambiente es muuuuy absorbente. Nunca te cansas. Siempre tienes algo que hacer (menos trabajar). Solo espero no dejarme llevar, pero todo se andará. Tres semanas de curso y todo es distinto, nuevo. La verdad, si tuviera que escoger una canción para describirlo me quedaba con una de un grupo con el que no simpatizo en absoluto (simple Minds)… pero que está unida a una película que me tocó la fibra sensible en el verano, El club de los cinco de John Hughs, que me recomendó una muy buena amiga, y yo también lo hago. La canción es Don´t You Forget About Me, unida a una genial final.

En estas tres semanas creo haber hecho más que en tres meses de verano. El tiempo se ha pasado demasiado deprisa, y cuando el trabajo me desborde… todo irá muy despacio, pero creo que eso es ley de vida. He estado en la Capitol viendo a Mudhoney en primera fila, y allí mismo tocaron Interpol ayer, sin o me equivoco. Dentro de poco a por Alice Cooper (hay que verlo antes de que muera) y quién sabe qué más. He conocido a más gente en los últimos días que en años. He dejado mi casa atrás (por lo menos durante 5 días a la semana). He llegado a un punto en el que parece que he conseguido alcanzar casi todo lo que quería a corto plazo. Así que guardaré este momento, esta sensación; y lo pondré todo en una caja que tiraré al fondo del mar y que ni el puto Jacques Cousteau pudiera encontrarla.