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domingo, 20 de febrero de 2011

Remordimientos por una niña

Mientras está tumbado en la cama te preguntas que ha sido de ella. De esa que en un momento quisiste, luego odiaste, apreciaste y finalmente dejaste atrás… Mientras pasas la mano por ese cabello castaño y grasiento, miras el techo de la habitación, sus humedades; las paredes, los pósters que colgaste, todo… Esas paredes que te definen y que son un pleno reflejo de la procesión que has llevado por dentro toda tu vida. Esas humedades no son más que una muestras de lo que has llorado por dentro. Esos pósters son la más clara manifestación de todo lo que te gusta y el corcho que está junto a tu cama es tu particular diario personal. Donde sí que hay un hueco para chica a la cual recuerdas.

Ya sea mediante la entrada de cine de la primera vez visteis una película juntos, y recuerdas el momento en el que se asustó y os empezasteis a reír, o el mismo horario de buses, ya desfasado, en el que está remarcado el que cogías para verla. Qué más da, ya no sabes nada de ella… y por un lado crees que es mejor para los dos. O quizá solo para ti. Dudas, dudas…

Tumbado boca arriba, sin música, sin una sola canción para ese extraño momento; recuerdas… Recuerdas la primera vez que la viste a través del cristal de la puerta de un gimnasio hace ya casi 3 años, 3 largos y tortuosos años.

Sí, como pasa el tiempo y al final no sabes sí ha sido peor para ella o para ti, quien todavía y por siempre se mantiene en la cuerda floja, porque te encanta estar con el agua al cuello, viviendo todo lo deprisa que puedes. En cambio ella… no sabes qué puede pasar por su cabeza.

“Pobre…” Piensas… sin embargo, simplemente no lo sabes y aún así no estás tan seguro de una cosa:

“Fue ella quien me arrastró, o fui yo? Soy la víctima o el verdugo?”

Seguramente seguirás dudando para siempre, aunque la vuelvas a ver, a besar, o a nada… Esa duda te corroerá por dentro, porque no puedes controlar ese efecto mariposa. Por eso la ignoras, quizá así… puedas controlarlo todo. Tener la situación bajo control, con todos los cabos bien atados.

Iluso…

jueves, 10 de febrero de 2011

Despedida

-No tendrás pensado coger un avión, verdad?- dijo la chica con voz temblorosa.

-No, iré en tren, es más romántico; con mi mochila y un bono de viajes.

-Por qué lo haces? Para que qué te marchas? No entiendo cómo lo puedes dejar todo atrás… En el fondo no eres más que un niño mimado- pronuncia estas palabras con dureza, intentando disimular un llanto que no puede ocultar mucho tiempo, con esos ojos vidriosos.

-Si lo soy o no lo veremos en poco tiempo… además estoy cansado de toda la gente, me ha quemado. Prefiero irme yo antes de terminar odiándolos- su tono se torna grave, serio y profundamente sincero.

-Y por qué nos odias!!??- dicho esto, las lágrimas resbalan suavemente por las mejillas, y su cara busca esconderse detrás de esas manos de porcelana, finas y delicadas.

-No os odio, pero ya no puedo seguir con vosotros… ni con mi familia, ni amigos, ni nadie…- se acerca a ella y le da un beso en la frente, la abraza fuertemente contra su pecho, mientras su corazón palpita desbocado y la chica no para de llorar.

-Eres imbécil!- Gime contra su pecho. –No sé ni que hago aquí, soy tonta… te largas y nos dejas a todos como si no te importáramos, como si fuéramos tus juguetes usados.

-Me aburrís… necesito ver mundo- se palpa el desprecio en sus palabras, frías y duras – siempre es la misma rutina, la misma gente, las mismas discusiones… yo necesito más. Quiero ver más, no quedarme estancado como vosotros. En el fondo me dais pena.

La chica, se separa de su pecho y le gira la cara moviendo esa melena negro azabache.

-Te odio!- lo dice como si de un grito d ayudara se tratase, puesto que no se cree lo que le ocurre.

-Odiarme? Llevo amargándome con vosotros años, de mi vida. Sois personas estériles y vacías! Yo quiero vivir mi propia novela, mi propia película. Universidad? Eso no enseña nada… ya la retomaré cuando haya visto lo que hay más allá de unos libros polvorientos! Independencia? Nunca es real a no ser que te marches lo más lejos posible y no los vuelvas a ver! Porque de eso se trata, de que no los tengas que volver a ver… para que quieres padres si se supone que te vales por ti mismo. Ya no te sirven, y es mejor dejarlos atrás. Además, ya no me pueden enseñar nada. Y mucho menos me va a enseñar algo follar contigo!!!- es frío, glacial, intenso y totalmente deshumanizado. Parece que la sangre no le recorre las venas.

-Eres odioso! No eres normal? Cómo puedes hablar así? De tus padres y amigos! Nos debes todo! Y ahora cuando te apetece te largas y nos llamas mierda!? No eres mejor que yo!! Te enteras? Ni que Mauro, ni Nico ni que ninguno de nosotros!!!

-Sí lo soy. Porque yo al menos tengo pelotas para lanzarme al mundo, solo. Llevo años pidiendo a gritos por dentro la libertad y ahora la tengo al alcance, y no me la vais a quitar. He vivido todos mis años de existencia como un vástago de las comodidades y la buena vida! Mimado por mami y papi como un niñato! Siempre supe que estaba por encima de los demás y ahora lo vais a ver!! Yo al menos no tengo miedo de irme!

-Estás enfermo, Álex… muy enfermo. –La chica no se lo cree. Sus ojos, totalmente abiertos, muestras un rostro anonadado y pálido. Aterrado de lo que le pueda venir. Con la boca abierta y un mechón de pelo por encima del ojo derecho, despeinada; con los regueros que sus lágrimas dejaron por las mejillas de porcelana.

-No. Estoy más cuerdo y vivo que todos vosotros. –Sus ojos también están muy abiertos, pero no de miedo. Con esa media sonrisa esboza y el pecho hinchado. Con la espalda recta y el cuello firme, sin desgarbo. Imponente, por fuera pero muerto por dentro.

lunes, 10 de enero de 2011

Tirando en la cama..

Está sentado en la cama, es por la tarde y fuera hay un sol invernal que calienta a los viandantes. El piso, sin embargo, está frío y Él está solo, tumbado en la cama, con su sudadera vieja y su pantalón de pijama con cuadros azules. Su ojos se centran en el teclado del portátil, mientras teclea frenético cada palabra como si fuera la última. Esta vez no hay nada que haga el momento especial. NI un espejo roto, ni una ex novia que lo marcara por dentro, ni un odio irrefrenable al mundo, ni una sensación de abandono… Simplemente está tumbado allí, entre las viejas sábanas de matrimonio de sus padres en una habitación de un piso cualquiera de estudiantes. Siente el calor subirle desde los pies que se encuentran debajo de la manta. Es un niñato inconformista, ingrato y que no vive acorde con su tiempo. En esa cama escapa del mundo real para evadirse en fantasías de adolescente en las que recrearse, mientras el tiempo pasa. Cuando no viaja a través de su cabeza lo hace a través de sus recuerdos, martirizándose con ellos, disfrutando con su propio victimismo acurrucado en sus sábanas de algodón. Allí, encerrado en sí mismo y en el puro “placer” del sufrimiento por el sufrimiento se encierra cada vez más en una continua espiral de la que no se puede salir, solo para tener la fantasía de que así los demás le harán caso algún día, de que se sentirá escuchado. Su mente no es como la de los demás y la realidad la distorsiona para seguir teniendo un pretexto y poder estar acurrucado en sábanas a modo de martirio y odio mutuo.

Sin embargo después de estar allí tirado compadeciéndose de sí mismo vuelve al extremo contrario. En lugar de ver una luz que lo saque de ese pozo de miseria al cual Él mismo se tiró, va más allá. Vuela más alto, y pasa de la auto compasión al orgullo, narcisismo y prepotencia. De pronto ya no es la última mierda, sino que es el nom plus ultra. Lo más y mejor. De pronto lo que antes había sido un error y una mala acción tratando con la gente se convierte en un golpe de autoridad ya que Él es mucho más que ellos, y por ende deben estar por debajo de él, las cosas deben estar en su sitio: y los inferiores abajo. Sus ojos cambian con cada conducta tan antagónica, sin embargo nunca llegan a brillar, como si ese brillo se hubiera apagado hace años y esa pseudo demencia de a la que le gustaba aferrarse fuera real.

A pesar de todo, Él era como los demás y la gente que le despreciaba, lo que le daba asco y deprimía a partes iguales, una por rebajarse al nivel del rebaño y otra por despreciar a sus iguales. Nunca había un término medio, así era Él. Un individuo de contrastes, porque cuando era gris, era peor. No sabía que ser, estaba sumido en aquel dualismo que lo mataba por dentro, le devoraba las tripas y la arrancaba la vida a bocados. No había nadie que se odiara y amara tanto así mismo como aquel esquema de persona que estaba tumbada en la cama. Esa tarde no había melodramas, ni mártires, ni nada… solo su mente y Él sobre un colchón en una habitación cerrada. Solo le faltaba que estuviera con paredes acolchadas y sería completo. Le gustaría ver ríos de sangre salir de sus venas, sin embargo se quería demasiado como para intentar nada… No era nada ni nadie, ni siquiera un buen narcisista. Estaba atrapado entre dos realidades de las que no podía escapar y rodeado de gente que asistía ver su circo personal. Todo por el espectáculo, pero para Él mismo, pues la idea que era el protagonista de su propia película lo hacía menos soportable todo. Porque nunca sería el héroe de la película ni el mártir, ni el renegado ni nada… solo era un extra dentro de su propia vida, así de ajeno se encontraba, sonriendo en una cama.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Caminaba con paso lento

Camina con paso lento. Pesado, como si llevara una gran carga a su espalda. El viento levanta una ligera brisa que mece las hojas caídas de los árboles otoñales. El frío corta la circulación a las personas que caminan por las aceras. Un ligero polvillo se pasea ante los ojos de los transeúntes, junto a la brisa otoñal. La gente camina, mucha de ella, con expresiones tranquilas, felices; como si fuera un día de verano. La normalidad se palpa, en un ambiente que no está enrarecido: una estampa de finales de noviembre entre las moles de hormigón y acero de la ciudad con aquellas calles arboladas que serpentean con delicadeza los edificios.

Cuando Él camina por allí, no se siente pertenecer a todo aquello. Le irrita ver así a la gente. Expresiones faciales que denotan jovialidad, conversaciones entre risotadas... Todo aquello debería de estar prohibido, según Él. Parece que de aquella forma le están diciendo que son mejores que Él. ¡Cómo si lo fueran!

Resuena, entonces, una voz en su cabeza, demasiado trastocada... Imbéciles. Por fuera él parecía como Ellos, otro "monstruo" de caramelo y amor. Otra persona feliz. Sin embargo por dentro es totalmente distinto. Corroído. Caminaba con paso lento. Pesado. Lleno de odio, por solo odio. Todo se descontrola, se escapa, un piélago que no llega abarcar. Situaciones que le superan, y solo hay más odio.

miércoles, 24 de febrero de 2010

No sé como titularlo

No es la primera vez que escribo acerca de los profundos, y banales, pensamientos que me reconcomen el alma por dentro. Una sarta de comentarios acerca de las idas y venidas de cabeza, que incluso a mí me resultan raras, extrañas o simplemente anormales. Las últimas me han llegado por la falta de sueño de estos días, el estrés por tener que estudiar; más las pocas ganas de hacerlo, y una inseguridad que se me extiende por el cuerpo como un cáncer. De una situación así lo único que sale es algo malo. No sé cómo expresarlo. Un puñetazo en la mesa es la mejor descripción, un único y simple gesto; pero que, en mi caso, significa tanto. Esas ansias que siente uno de cuando ve a la persona adecuada en un uno de esos pasillos rebosantes de estudiantes en el instituto. Agarrarle la cabeza cuando te lo cruzas de frente y estampársela contra la pared. Violento: sí. Inapropiado: sí. ¿Lo haré? Nunca. Pero poder imaginártelo es tan reconfortante. Solo idealizar una gota de sangre cayendo suavemente por la pared de plaquetas blancas, para formarse un charco; creciendo continuamente… Hasta puede ser bonito. Y con un poco de pintura bien mezclada lo podríamos ver. Hasta si se grabara podría ser, yo que sé… poético. La música adecuada, mientras vez como una gota de color rojo baja por una pared blanca, dejando un rastro tras de sí, hasta llegar al suelo. No ceso en mi empeño de cavilar si esto me convierte en un sádico que quiere ver una maldita gota de sangre. O en otra persona más, con una ganas de que todo termine, que explote. Para luego aparecer unos créditos de letra color blanco sobre un fondo negro y un FIN, tan grande que hasta el más ciego de la sala pueda apreciarlo. Todo tiene un principio y un fin. Y cuando uno se ha puesto para el público una máscara sonriente y agradable, bien ceñida sin que no se note la diferencia del rostro de siempre, para ocultar esa desgana que lo llena y lo corroe por dentro, con todo lo que ello implica, ya ha perdido. Has caído en tu propio pozo de autocompasión. Estás cómodo y no quieres salir. Piensas que eres repugnante y ello solo te hunde todavía más. Solo quieres tocar fondo para poder empezar a subir, escalando esa pared pedregosa, pero nunca sabes dónde está ese fondo. Quieres mandarlo todo a la mierda, que se pudran todo y todos. Pero también quieres cumplir porque “todo” te importa demasiado. No tienes valor para rechazarlo todo, sin embargo tampoco lo tienes para subir y pelear. Estás entre dos mitades totalmente opuestas, y allí solo puedes ahogarte. No sabes cómo subir, y aunque lo sepas no quieres. Pasas del odio a los demás, a la gente en general; por lo estúpidos que son, al odio propio por pensar así. Mientras tanto vas bajando, cayendo, como esa gota de sangre que tanto te gusta observar de cerca. Cae por su propio peso, como tú.