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martes, 3 de noviembre de 2009

Sayonara, Peter

La sangre corría por sus manos, a la par que una lágrima le recorría la mejilla. El sudor de su frente le molestaba. En ese momento era una amalgama de sentimientos: felicidad, morriña, tristeza, alivio… Todo había terminado. Era libre. Y todo continuaba, pues se había puesto fin a una etapa… en un solo momento.

El latir desbocado del pecho le alejaba de la realidad, mientras que la escena que contemplaba lo traía de vuelta al mundo en el que seguía. Pues ahora que lo había logrado, un mundo de posibilidades se habrían ante sí.

Peter pan yacía en el suelo, manchado por un reguero de su propia sangre… nunca la “muerte” de un niño había sido un momento tan feliz. Nunca se volverían a mencionar esas mallas, ni las aventuras para críos, ni las tardes de juegos. Pero, todo lugar espacio debe ser llenado. “Pete” ha colgado las mallas… pero Rob Gordon había llegado, y Gregory House le acompañaba. Joder, esos sí sería un futuro brillante….

viernes, 30 de octubre de 2009

I love you "Pete"

Creo que no me equivoco si pienso que todo, o casi todo, el mundo conoce a Peter Pan. Sí, “Pete”; ese chico vestido con mallas verdes, pelo rojo, que puede volar y tiene una daga de 18 cm. No, no me refiero a uno que visteis anunciado en el periódico local o en papel que os dio un extraño señor por la calle y que olía a goma. Me refiero al mítico Peter Pan. El personaje literario del s. XX y que sería llevado a la gran pantalla por Disney en 1953 monopolizando un trocito más de nuestra infancia.

Digo todo esto porque cada día que pasa me gustaría ser más como ese chico. No crecer nunca. De pequeños nos morimos por ser mayor, y de mayores deseamos ser pequeños. ¿Acaso no es una curiosa contradicción? Creo en las contradicciones y la imperiosa necesidad del hombre de desear aquello que no puede conseguir, y esta es una de ellas. Estos comentarios son fruto de mi cada día más distorsionada apreciación de la realidad. Cada día que pasa no sé si yo soy un loco en un mundo de cuerdos, o un cuerdo en un mundo de locos… Menuda incertidumbre, ¿no?

La verdad es que recuerdo con cierta añoranza las tardes en las que cuando tenía mucho trabajo de clase, significaba trabajar durante media hora. Hoy eso significa cuatro o cinco veces más.

Ahora tengo responsabilidades que antes no tenía. Hay que estudiar, ser educado, trabajar (mucho) en casa, incluyendo como “equipo técnico” de los padres; y otras muchas cosas que no me apetece recordar.

En resumidas cuentas, no sé si es que unos crecen demasiado deprisa… pero cuan dulce es la ignorancia. Como dice el dicho: prefiero ser ignorante como un conejo.