La sangre corría por sus manos, a la par que una lágrima le recorría la mejilla. El sudor de su frente le molestaba. En ese momento era una amalgama de sentimientos: felicidad, morriña, tristeza, alivio… Todo había terminado. Era libre. Y todo continuaba, pues se había puesto fin a una etapa… en un solo momento.
El latir desbocado del pecho le alejaba de la realidad, mientras que la escena que contemplaba lo traía de vuelta al mundo en el que seguía. Pues ahora que lo había logrado, un mundo de posibilidades se habrían ante sí.
Peter pan yacía en el suelo, manchado por un reguero de su propia sangre… nunca la “muerte” de un niño había sido un momento tan feliz. Nunca se volverían a mencionar esas mallas, ni las aventuras para críos, ni las tardes de juegos. Pero, todo lugar espacio debe ser llenado. “Pete” ha colgado las mallas… pero Rob Gordon había llegado, y Gregory House le acompañaba. Joder, esos sí sería un futuro brillante….