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sábado, 25 de junio de 2011

Se avecina la higiene

“I was born in a cross fire hurricane…” Aumentando decibelios! “And I howled at my ma in the driving rain…” Con los Rolling de fondo Álex entra en la en el baño. El hilo musical “está que lo peta” y Mick Jagger resuena en los azulejos de la pared. Mientras, Álex se desnuda con un contoneo al ritmo de la música y rasgando una guitarra imaginaria; como si estuviera en un escenario con unos vaqueros tan apretados que le cortan el riego sanguíneo hasta el punto de que lo único que llega a su cabeza son las notas de Keith Rchards y no sangre. El agua ya está caliente y el vapor se sale de la ducha. El espejo del baño se empaña progresivamente. Al final lo último que se ve es un rostro de pelo castaño sonrriente.

A los Rolling le siguen The Doors, y un Break On Through a “todo trapo” que viene seguido de un salto y un resbalón que por poco deriva en un reguero de sangre. Esta es la venganza que se toma desde la tumba James Morrison por las dos veces que a Álex le dijeron que se parecía a él, y seguramente por todas las veces que Álex se burló de él.

De todas formas no todo terminaba ahí. Como esa era una de las pocas duchas que en las que se tomaba su tiempo, de vez en cuando había que darse una limpieza a fondo, y no salir en la tercera canción; todavía había tiempo para escuchar (y cantar a gritos) un buen repertorio: Alive (Pearl Jam), Animal Boy (Ramones) y Bohemian Like You (Dandy Warhols). Después de una lista así, Álex está a punto de empezar a estornudar… por esto de la alergia que padece a la higiene corporal. Además que siempre a sido un chico muy comprometido con el ahorro del agua.

Ha sido un buen día y si tiene que terminar, como todo lo bueno, que sea con una buena banda sonora. Sale de la ducha, se seca. “There must be some kind of way out of here…
Said the joker to the thief…”
Jimi!
All Along the Watchtower! Aprovecha para peinarse con esa agitación compulsiva de la cabeza que un día le dejará un derrame cerebral pero con un flequillo perfecto. Todo es mejor con música!

lunes, 25 de enero de 2010

Después de la ducha

Hoy me apetecía tocar un tema muy especial: las “pequeñas cosas”. No, no acabo de ver Amelie. Tranquilos ahora no veo el mundo color de rosa porque Audrey Tautou haya metido la mano en un saco de lentejas, guisantes o garbanzos; por muy entretenido que sea. La verdad es mucho más sencilla. Todo me vino estando de pie en la ducha, con el agua cayéndome por encima, y cantando “Don’t look Back In Anger” de Oasis (banda a la cual le profeso un profundo odio, por lo que no deja de ser un momento más particular). No os diré que tenía una canción preciosa de fondo que me inspiró sensaciones y sentimientos. Tampoco mencionaré que la refracción de luz con una gota de agua proyectó un arco iris que abrió mi mente a lo desconocido. Todas esos comentarios están bien para los post profunditas, pero este es de los personales, sencillos y sinceros. Además había decidido ducharme sin música, no quería distracciones, ni que la voz de alguien a quien nunca conoceré resuene en mi cabeza. Nada más decir que estando allí, de pie, cantando; estaba feliz. Era algo normal, una de esas cosas diarias que hacemos todos los días, o deberíamos, algo tan sencillo como darse una ducha. No sé por qué, sin embargo, ese momento resultó agradable. Al secarme el pelo recordé otras situaciones parecidas, tan tontas como ciertas. Cuando Ella te acaricia el brazo estando acurrucada contra ti. Mientras tocas esa canción de guitar Hero que te encanta justo antes de irse a dormir, con el pijama y la bata de casa puestas, montando el número de estrella de rock. La sensación de realización que sientes cuando consigues tocar una canción por primera vez, casi sin equivocarte, pero una canción de verdad con un instrumento de verdad. La plenitud de que te llena el hecho de terminar ese libro que tanto te estaba gustando, y que por otro lado te apena porque ya lo has terminado, y cada sensación es diferente. El sonido de unos pasos por un adoquinado de piedra. Los sorbos ruidosos que le das a la sopa, al té; o cualquier bebida caliente, solo con la intención de escucharlos tú, pues en ese momento estás solo. Creo que son tantos momentos, tan aparentemente insignificantes, que no podría citarlos todos. Citarlos todos es lo que me gustaría, pues de esa forma podría recrearme en ellos: congelarlos. Hacerlos eternos durante un segundo en mi cabeza. Después seguiría con otro, y otro, y otro… hasta que al final únicamente me quedara un vacío que llenar con nuevos momentos. Cada vez que los congelaría resultaría triste pensar que ya los viví y nada más que puedo recordarlos. Pero al menos me consuela saber que los viví y eso me llega. Sé que todas esas “pequeñas cosas” están detrás de mí. Es alentador.